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| A propósito de la invasión norteamericana de Irak |
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Bárbaros mercanchiles
de la cultura angélica que supo convivir años y siglos bañados por las aguas y el sol del mar donde los dioses convivían puros y castos. Allí distintos pueblos estuvieron y rescataron para nosotros el alma de la paloma y la flor de los mirtos. Allí, renació de manos de los árabes la antigua helade, en frias noches, o calientes veranos. Allí Avicena y Averroes salvaron y tradujeron manuscritos perdidos para siempre, para siempre perdidos en la memoria de los pueblos y los titiriteros que hicieron de la guerra un mercadeo más, y del mortal la maquina perversa, al servicio de inteligentes maquinas, que jamás serán más que infernales elementos surgidos del lobo que aúlla en las estepas. Continuad bárbaros. Eternamente no durará ese olvido. Su sombra oculta la risa del demonio. Cuando cabras y pastores de Europa hilaban los destinos del mundo, desde aquellos desiertos eran miradas las estrellas, y los sufíes cantaban al vino y a la paz de los desiertos. Desde allí hasta América conquistaron los mares y desde Babilonia la cultura traslucida de pirámides y gemas. Continuad bárbaros destruyendo el "se da" del tiempo, pues graciosamente florece la roza porque sí, mientras el pavor del mortal, la inquisición del otro, aniquila lo que existe, y cae al abismo sin fundamento, al caos y las sombras, aquel que pudo ser, y la furia del viento y el cuento del idiota, reinen para que que nunca ya el corazón mortal pueda parir estrellas |
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© Óscar Portela |
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