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1. Introducción
“Comprendía que eran las de los noctámbulos
y las de los trabajadores vidas paralelas que no llegaban ni un
momento a encontrarse. Para los unos, el placer, el vicio, y la
noche; para los otros, el trabajo, la fatiga, el sol. Y pensaba
también que él debía de ser de éstos, de los que trabajan al sol,
no de los que buscan el placer en la sombra.”
(291)
Con este fragmento culmina La Busca,
de Pío Baroja, reflejando la intención del Manuel protagonista por
cambiar el rumbo que lleva su vida. Para llegar hasta aquí, el
autor nos ha sumergido en la nocturnidad del hampa madrileña, en
la oscuridad de una sociedad maleante que habita los arrabales de
la ciudad. “Baroja parte a los suburbios, asciende a los garitos,
recorre las redacciones de los periódicos, husmea en los
prostíbulos, y de aquí y de allá extrae individuos deficientes,
solo a causa de su deficiencia; la describe, y ya está: he aquí el
vasto cuadro del mal”.
Suburbios, garitos, redacciones de periódicos, prostíbulos,
lugares que es difícil imaginar a plena luz del día. Por el
contrario, la oscuridad es parte intrínseca de su concepción, sin
la cual no serían lo que son.
El presente
trabajo se centra en el uso que Pío Baroja realiza de la
oscuridad, en su doble vertiente física y moral, con el fin de
realzar su visión grotesca del Madrid de principios de siglo. La
falta de luz aparecerá como característica descriptiva negativa y
presagio de un mal porvenir. Se analizarán los espacios en los que
reside el protagonista, los lugares en los que trabaja, los sitios
por donde deambula y las personas que allí se encuentra. La
oscuridad está servida. |