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EL LUNFARDO. VIVEZA CRIOLLA DE MARCA INTERNACIONAL

Gustavo Álvarez Bea


I. INTRODUCCIÓN

  “Uno no puede menos que preguntarse cuál sería la reacción de los lexicólogos finiseculares si, milagrosamente, pudieran ver que los muertos que ellos mataron gozan de buena salud.”[1]

            Toda lengua viva está en continua evolución. El intercambio de palabras se renueva inexorablemente y, con él, se amplían, restringen o trasladan los significados, aparecen nuevas voces, se generan múltiples frases y, en definitiva, se modifica el sistema de comunicación. Todo intento por aplacar este proceso suele encaminarse al fracaso.

            A finales del siglo XIX circulaban en Buenos Aires voces notoriamente distintas a las que registraba cualquier diccionario español de la época. Surgía un habla popular formada por palabras y expresiones nuevas que no contemplaban los lexicólogos castellanos. Como suele ocurrir en todo argot, se conservaba generalmente la sintaxis, pero se cambiaba el léxico, llegando a proferir frases ininteligibles para oídos que sólo estuvieran habituados al recto y corriente español. Esta habla, originariamene capitalina, llegó a conocerse como el lunfardo.

            Entre las primeras acepciones que se otorgaron a este término estuvo la de “jerga que hablan los ladrones”[2], para referenciar el tipo de habla que empleaba un sector marginado, dedicado principalmente al robo y la estafa, que encontraba de esta forma el hermetismo necesario para expresar las alertas, los avisos, los planes que sólo ellos querían conocer. La implicación anterior se plasmó en un rechazo del empleo del lunfardo por parte de la norma culta y, por ende, de los hablantes cultivados. Sin embargo, esto no impidió que el dialecto arraigara en el lenguaje popular, empleándose hoy en día con total normalidad y llegando a introducirse más allá de los registros netamente coloquiales.

 

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Se encontró en este nuevo dialecto el placer de desafiar a la norma que suele gustar a los capitalinos, invadiendo los arrabales, del mismo modo que ocurrió con el argot parisino, el slang inglés, el calão portugúes, la giria brasileña, el caliche mejicano, la replana peruana o la coa chilena.[3]

El lunfardo no fue una excepción. El objetivo del presente trabajo será registrar los distintos procesos de creación de su léxico, atendiendo a los cambios morfológicos y a la nueva fraseología. En busca de textos reales que corroboren estos fenómenos, se ha realizado un seguimiento minucioso de tres obras literarias de gran difusión en Buenos Aires, que plasman vivos diálogos y descripciones en boca de sus personajes. Las tumbas, de Enrique Medina, registra la dura vida que debe afrontar un niño en diversos reformatorios, y las muestras de habla que le llegan de niños de su edad, de jóvenes, de adultos y mayores de diversos estratos sociales. Del mismo modo, El juguete rabioso, de Roberto Arlt, proyecta las peripecias del joven Silvio, esta vez desde la calle, como buscavidas, que debe aprender a sobrevivir entre gentes que expresan a viva voz sus sentimientos, sus necesidades, sus deseos, haciendo gala de un lenguaje directo, real, de la vida misma. Desde otro ángulo, el hombre adulto que recrea Roberto Payró, en El casamiento del Laucha, de forma breve y concisa genera diálogos intensos que revisten todo el carácter propio del lunfardo, como vehículo de comunicación.

            A su vez, se han recopilado numerosas letras de tangos y milongas, en las que se deja constancia de los mismos fenómenos y que permiten complementar el estudio realizado, ahondando en los mecanismos de formación de léxico y frases con etimologías diversas.[4]

 

SIGUIENTE>>>

 

[1] TERUGGI, Mario E., 1978, p. 128, nota 53.

[2] CASULLO, Fernando Hugo, 1992, p. 129.

[3] Ibíd, pp. 21-24.

[4] Las citas textuales de las obras literarias y de las letras de tangos se presentarán en letra tipo Arial, tamaño 10 puntos, con interlineado sencillo, resaltando el término o frase que sirva de ejemplo en formato negrita-cursiva. Al final de la cita se indicará su procedencia con nota a pie de página

 

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©2003 Gustavo Álvarez Bea. Reservados Todos los derechos